"Me voy a morir a los 70 años" era una frase que decía mi padre recurrentemente en su vida.
Y resultó que le dio Alzheimer a los 70 años, y de a poco se fue muriendo. Hoy entiendo esta advertencia como una forma de él mismo tener claro de la finitud de la vida. Además, de que inconscientemente nos preparaba para su muerte. En ese momento me parecía divertida esta aseveración. Hoy veo que el tiempo pasa volando, cada vez más rápido.
Este año cumpliré 44 años en septiembre. Pienso que a lo largo de mi vida, he vivido bastantes aventuras. A los 6 años viví en Filipinas al otro lado del mundo. A los 34 me fui a vivir a Australia para repetir la experiencia. Ahora me encuentro en la casa de mi madre con el proyecto de irme a vivir con una amiga, pero siento el mismo miedo qué sentí esas dos momentos en mi vida. Entonces me digo a mi misma para darme fuerza "voy a morir a los 70 años" y tengo un nuevo proyecto que es observar cómo estaban los planetas en esos momentos que me atreví a tomar esos desafíos, para observar qué es lo que me da valentía y ver en el futuro que sería lo que podría empujarme a dar el salto al vacío cuando sienta cobardía.
Nací en 1977,producto de una reconciliación de mis papás que estaban separados, en la cual mi mamá quedó embarazada. Mi papá era muy cariñoso, alegre, entusiasta, como un sacerdote que congregaba a la gente en torno a él y que entregaba mucho amor. Mi mamá es muy estricta, pero también es entusiasta y llena de energía.
El año 1983 nos fuimos a vivir un año a Manila, la capital de Filipinas, una ciudad en que todos los días hacían 40° de calor, creo que es el mejor recuerdo que tengo familiarmente ya que estábamos en otro contexto muy lejos de Chile. Estaba gobernando por Corazón Aquino, y fue asesinado en la televisión por los que apoyaban a Marcos. Mi papá dijo en la oficina que había visto esta asesinato y le dijeron que no tenía que decir nada. En Chile estabamos en la dictadura Pinochet, quién ese año fue a visitar Filipinas y no lo dejaron bajar del avión.
Yo era muy chica tenía 5 años y me acuerdo que el primer día de clases estaba muy nerviosa y me costó quedarme dormida, me paseaba por la pieza en la cual dormía con mi hermana 9 años mayor, porque era una nueva escuela, un idioma distinto, y un uniforme de short y polera. Mi hermana me contó hace poco que ella me llevó a la sala de clase y yo salí corriendo feliz a jugar con mis nuevos compañeros. Y luego fue todo maravilloso. Creo que ahí me di cuenta de mi pensamiento fatalista antes de que algo empiece y lo aprendí a manejar con los años.
Nos iba a buscar una micro muy temprano a las 6:00 de la mañana, pasabamos toda la mañana en el colegio jugando y aprendiendo. Era un colegio super bonito, con muchos colores y tecnología que llegaba de oriente antes que a occidente. Algunos días tenía clases de natación, donde yo era la más chica y mi hermana iba a reirse de mi en secreto, porque siempre aperraba nadando con los grandes. Hice amigos de distintos colores y países, me gustaba un niñito australiano que era como bronceado y miestrioso.
En las tardes llegaba a la casa y jugaba con mi gato el cucho, con mi vecino de la casa de abajo, con mis hermanos que eran 7 y 9 años más grandes que yo. Veiamos películas en vetamax que era algo muy novedoso. A veces me iba a la casa de mis amigas en bicicleta, ya que viviamos en un barrio amurallado muy seguro. Y cuando oscurecia salíamos en chores con mi mamá andar en bicicleta los 3 hijos y ella.
Los fines de semana ibamos a una playa que quedaba como a una hora, siempre escuchabamos el mismo cassette de Jose Luis Perales. Llegabamos y estabamos todo el día en una playa donde el mar era caliente.
Yo aprendía a nadar, porque me tiré un piquero a una piscina y con el flotador quede con las patas para arriba y casi me ahogo. Mis hermanos me rescataron y me enseñaron a nadar. Después se transformo en una de las cosas que más disfrutaba. Porque nadar era como volar.
Una vez visitamos un lugar que se llamaba one hundred islands y era como el paraiso, tomabas unos botes y elegías tu isla para ti solo. Instalados ahi me dedique a bucear con snorkel y veias maravillas marinas, cardumenes de peces, algas de colores.
Pasó un año 2 meses y volvimos a Chile. Era una sensación increible rencontrarse con todos los amigos que nos fueron a buscar al aeropuerto, volver a sentir las 4 estaciones del año, sentir a la familia cerca. Y en el fondo del corazón siempre sentir un calor de 40 grados que alegraba cualquier momento triste.
Por esta misma razón, en un momento de mi vida decidí repetir la experiencia. El año 2011 decidí postular a una beca Australia para repetir la explosión de cabeza que había sentido a los 6 años. Cuando me la gané, me dio una angustia tremenda, de partida tendría que estudiar en inglés e irme sola a un continente al otro lado del planeta.
Una amiga que vivió en varios países me dijo un consejo. "Sofi te van a pasar muchas cosas cuando hagas tu viaje, lo importante que mantenga el propósito último que es terminar el máster".
Y así fue. Tenía que dar un test en inglés el cual me saqué un 8 en hablar, y un 5 en comprensión de lectura y escritura. Lo mandaron a corregir y al mes fui a buscarlo y me dijeron que lo habían enviado Inglaterra, porque era un caso demasiado extraño. Claro como había aprendido a hablar en inglés en Filipinas, era un conocimiento más inconsciente. Entonces esto implicaba que tenía que tomar un curso de 6 meses en inglés antes de entrar al Máster, y como no tenía los resultados tuve que hacer toda la gestión para irme antes de perder beca. Y la semana antes de irme le diagnosticaron alzheimer a mi papá y el doctor me decía que me quedara. Mi hermana vino de visita de NY y nos contó que está embarazada y ella misma con guata me empacó y me dijo que me fuera. Partí un 29 de diciembre y llegué un 1° de enero Australia con las emociones muy mezcladas, feliz de ir a un país maravilloso y muy triste porque mi papá estaba enfermo.
Como todas las cosas que he hecho en mi vida, me fui en busca de un amor platónico que tenía. Cuando llegué me abrió la puerta nos abrazamos por el año nuevo y salimos a nadar al mar, era como un sueño después me fue adejar a una casa en un barrio muy cuico. Y ahí empezó la tragedia, porque no tenía dinero para pagar el arriendo. Y cuando entré al curso de inglés conocí una chilena que me dijo "vente a vivir conmigo al barrio chino que cuesta la mitad". Y me prestó plata. Con ella comenzamos una gran amistad y no nos separamos nunca más. Después llegó su pololo y nos dimos cuenta que su papá había sido compañero de universidad de mi papá, entonces después me fui a vivir con ellos y los adopté como padres, porque él tenía un sentido del humor igual a mi papá y ella era estricta y entusiasta como mi madre. Y así estuvimos 2 años viviendo juntos y yo jugaba a ser su hija y lo pasamos muy bien. Los fines de semana ibamos a la playa en bicicleta, hice muchos amigos de muchos países diferentes, lo cual me ayudó a entender las realidades de distintas culturas.
Y luego de 2 años volví a Chile, y de nuevo sentí ese amor profundo a mi país, a su clima, a estar cerca de la familia, d elos amigos, el amor al idioma, a entender los chistes y la cultura latinoamericana qué es más coqueta más caliente. Y cuando me quieren poner limites por mis ideas muy locas, me acuerdo de los australianos que son ás locos y felices, y me siento más segura en mis puntos de vista y los defiendo hasta que los demás se dan cuenta que es la única manera de crecer como país es siendo más inclusivos, más lúdicos y gozadores. Y volví con 2 frases típicas australianas "no worries" y "the more the merrier", no te preocupes y mientras más la pasaremos mejor.
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